Matias

Matias

Relaciones



                                 UN FAVOR INMORAL

 Alexis estaba sentado en el bar con el vaso de whisky muerto ya desde hacía un rato y cogoteando como un ñandú impaciente por el ventanal que daba a la calle Cochabamba. Por su actitud era evidente que esperaba a alguien, y mucho más evidente era que ese alguien estaba retrasado, debido a que observaba con insistencia la hora en su celular, al que hacía girar pelotudamente con el dedo pulgar de su mano izquierda.
Como suele ocurrir en estos casos, cuando Alexis se disponía a cambiar de mesa y buscar una más cercana al televisor, para de esa forma matar el tiempo de espera, ve entrar por la puerta del bar al gallego. La persona que esperaba.

-¿Qué hacés, gallego? Sentate, sentate. Disculpame que te moleste a esta hora, pero tenía que hablar con vos.

-Sí, no hay drama. Igual, no puedo quedarme mucho tiempo. Mañana tengo que levantarme temprano. Estamos a full con un caso –dijo el gallego y se sentó enfrente de Alexis.

-Sí, sí, entiendo, es un rato nomás. En realidad el otro día me acordé de vos y le pedí tu teléfono al gordo Paulovich. ¿Tomás algo?

-Sí, un cafecito.

Alexis levantó la mano y llamó al mozo. Al comprobar que éste no lo había escuchado, volvió a llamarlo elevando la voz. Esta vez sí lo escuchó. Como así también todas las personas en el bar, que se dieron vuelta y lo miraron   con un dejo de fastidio.

- Un café  y un Blender´s. ¿Vos querés un whisky?

-No, paso, un café nomás, si no mañana no me levanta nadie.

-Yo te llamé porque tengo un problema, y necesito pedirte un favor. Por teléfono no quise decirte nada porque no daba. Te cuento…

Alexis respiró profundo y apagó el celular antes de empezar a hablar, detalle que hizo pensar al gallego que debía ser algo bastante importante.

- La cosa es así –comenzó Alexis–: resulta que hace un par de años, salí con una mina. Marcela se llamaba, se llama mejor dicho, porque no murió. No sé si la conoces, pero no importa, no viene al caso. La cuestión es que una noche me la levanté. Fue en un momento en que yo andaba derecho. Esas rachas que te tocan, ¿viste? Y la ponés a cada rato. Porque vos sabés cómo es eso: cuando andás bien todas las minas te siguen. Las mujeres tienen un olfato terrible para esas cosas. Se ve que uno en esos momentos emana como un elixir irresistible. Una especie de energía sexual que brota, que aflora por los poros, o algo así ¿me entendés? – Alexis hizo un impasse en su relato porque el mozo trajo el café y el Blender´s.

-¿Seguro que no querés un whiskisito?

-No, está bien así, gracias.

-Bueno, como quieras. En cambio – siguió Alexis después de empinarse un trago considerable del Blender´s–, en cambio cuando andás en la mala, cuando estás solo, no te da bola nadie. Ni los putos te miran.

-Decímelo a mí. Con todo el quilombo que tengo en el laburo no tengo casi ni tiempo para salir, y cuando encuentro un hueco para ir a algún boliche, no me da bola nadie.

-Y sí, es así. Una vez escuché en una película que las mujeres intuyen la soledad de un hombre, y eso te da menos posibilidad de ganar. Es como que te baja la libido. Eso, te baja la libido sexual. No me acuerdo bien en qué película lo decían. Creo que en una de esas comedias francesas que…

-¿Y que pasó con esta mina? – el gallego lo interrumpió para que la conversación no se desviase y Alexis fuera directamente al grano.

-Sí, por eso, como te decía, yo en ese momento andaba en ganador, en winner total. Y cómo será que yo a Marcela la venía tiroteando desde mucho tiempo atrás. Y ni bola, me cortaba el rostro mal. Pero como te dije, yo estaba con mucha seguridad, confiadísimo. Y eso es fundamental. Porque si uno va medio dubitativo no pasa nada. La clave es la confianza a la hora de ir a chamuyar. Porque a veces uno se pasa el día pensando, maquinando en qué decirle a una mina, y eso no importa. Lo importante es la confianza, la actitud a la hora de hablar. Aunque digas pelotudeces. “No importa lo que digas, si no cómo lo digas”. Yo he escuchado a tipos que se engancharon minas diciendo cada estupidez. Pero minas lindas eh, no cualquier bagayo.
“Pero bueno, te la hago corta. Una noche me la encaré a Marcela y agarró viaje enseguida. Ni siquiera tuve que laburarla mucho. Todo bien, me la llevé a un telo y la pasamos fenómeno. Igual no fue todo lo que yo me esperaba. Lo que pasa es que yo a Marcela le tenía ganas desde siempre, porque la conozco desde chico, no es que fuésemos amigos, pero la conocía porque vivía en mi barrio. Y viste cómo es, cuando uno anda muy caliente con una mina por mucho tiempo”.

-Se hace toda la película –dijo el gallego, asintiendo.

-¡Claro! Se hace toda la película. Para colmo, yo había escuchado que en la cama era terrible, así que me había hecho todo el bocho. Imaginate que yo en mi cabeza, en mis sueños, ya había tenido sexo de todas las maneras posibles. Así que por más que la mina hubiese sido la más gata de todas esa noche, jamás iba a ser mejor que todo con lo que yo ya había fantaseado.
“Pero bueno, la cuestión es que yo andaba holgado con las mujeres. Incluso al día siguiente yo salí con otra mina, así que no la llamé, ni nada. Pero después, ponele, como a las dos semanas, como ella tampoco me llamaba, le mandé un mensaje al celular, como para tantear, para ver si se podía dar otro encuentro. Y nada, no me lo contestó. Al otro día le mando un nuevo mensaje, porque por ahí el otro no le había llegado. Nunca se sabe con estos aparatos. Y nada. Tampoco me lo respondió. Bueno, me dije, que se vaya a cagar. Total, minas no me faltaban, de última me mandará un mensaje si tiene ganas, y si no que se mate. Después de todo, como te dije, no había sido gran cosa. Pero vos viste cómo es uno. Cuando nos tocan el orgullo, ese ego masculino cavernícola que tenemos nos duele, nos molesta. Porque te juro que mi celular en ese momento explotaba, estaba más solicitado que Brad Pitt, tenía como mil mensajes de minas distintas, pero me entró a picar que Marcela no me respondiera los mensajes” –Alexis se tomó lo que le quedaba del whisky y siguió con su relato verborrágico –. La cuestión es que me calenté y la llamé. Una, dos veces y nada. El teléfono sonaba, pero no me atendía. En una de esas llamadas me atiende el contestador y me dice que el celular se encontraba apagado. “¡Que estúpida!”, pensé, “Apagó el celular”. Y mirá cómo es uno, ahí nomás me recontra calenté y le mandé un mensaje reputeándola, de todo le dije, vos fijate qué pelotudo que soy, porque no habíamos quedado en volver a vernos, ni nada, era un levante y nada más. Además, esa noche ella me había contado que estaba medio de novia con un tipo, y como que me dio a entender que pensaba ponerse en serio con este chabón. Me dijo que tenía toda la guita, que es lo que quieren minas como estas, engancharse a algún tipo con guita para casarse y que las mantenga. Bueno, conclusión: no pasó nada más. Obviamente después del mensaje que le dejé no la llamé más, y ella tampoco a mí… Listo, pasó el tiempo y yo conocí a  Ariana, me puse de novio y me casé hace tres meses, ¿No sé si te enteraste que me casé?

- Sí, creo que me contó el gordo Paulovich.      

- Bueno, y hará como tres semanas recibo un mensaje de Marcela que quería verme. Mirá vos, después de tanto tiempo, más de cinco años, me dice que quería verme y me cita a su casa. Yo, la verdad, dudé. En un primer momento no supe qué hacer, porque yo estoy muy enamorado de Ariana y no quiero ningún quilombo, pero por otro lado yo me había quedado un poco con la sangre en el ojo con Marcela. Por ahí, si era alguna de las otras minas con las que yo había salido, no hubiese ido, pero qué sé yo, me entró la curiosidad. Le metí cualquier excusa a Ariana y una noche me fui de Marcela. Te digo que yo fui con la idea de no hacer nada. Es más, me había jurado que por más que se me pusiera en bolas y me pidiera de rodillas que tuviésemos sexo no lo iba a hacer. Pero claro, empezamos a hablar, yo al principio me mantenía distante ¿viste? Hablaba poco, prácticamente la que sacaba conversación era ella, y me hablaba de cualquier bobada. Pero después, en un momento, abrió una botella de whisky y se me fue la conducta al carajo, entré a calentar el pico, me tomé un par de vasos de más y se fue todo al diablo. Lo hicimos en el comedor y después nos fuimos a su habitación y la seguimos ahí. En un momento, cuando ya estábamos fumando tranquilos en su cama, me empieza a contar cosas personales y me dice que en realidad me había llamado para otra cosa. Me dijo que se había juntado con el tipo ese con el que estaba saliendo cuando estuvo conmigo, pero que hacía un tiempo que se habían separado, que tenía un hijo, que no encontraba trabajo por ningún lugar, que no sabía que hacer, que estaba desesperada, en fin, haciéndola corta, me pidió guita. Me dijo que estaba con muchos gastos y que su ex no le quería dar plata y que se había borrado completamente. Obviamente le dije que sí, que no había drama, le podía prestar dinero, no es que yo esté cómodo de guita, pero unos mangos le podía dar. Pero le dije que en realidad a su ex le corresponde pasarle una mensualidad por el hijo que tenían y que en todo caso si se negaba, yo conocía un par de abogados para empezar…

-Pará, pará, mirá que yo no estoy en esa rama, no hago Civil. Yo me dedico a otro tipo de casos. Si querés te puedo pasar el teléfono de otros abogados que se dedican a este tema. –dijo el gallego.

-No, no es eso lo que te quería pedir, nada que ver. No va por ahí la cosa. En realidad cuando yo le digo esto de su obligación como padre, ella me dice que no le puede pedir nada al tipo este, porque él no es el padre del pibe. Y así de sopetón me dice que en realidad el padre soy yo. Ni siquiera me preparó un poco el terreno, así nomás me lo dijo: “¡El padre sos vos!”

-¡No! –el gallego se agarró la cabeza con las dos manos, como quien se pierde un gol cantado.

- No sabés la sensación amarga que me corrió por todo el cuerpo –Alexis  hablaba y por su expresión en el rostro parecía estar recordando ese instante preciso–. No se lo deseo a nadie un momento así, a nadie.

El gallego seguía con las manos en la cabeza, como si lo hubiesen congelado.

- Pero ¿cómo? No entiendo. ¿El tipo este, sabía que no era su hijo?

- Y sí, o sea, ella me dijo que cuando estuvo conmigo esa noche, ya estaba charlando con él, pero que todavía no había pasado nada, digamos, no se habían encamado. Y justo a él le había salido un viaje de negocios, y estuvo un par de meses fuera del país. Porque el tipo es empresario, y al parecer viajaba al exterior bastante seguido. Entonces cuando vuelve, ella ya sabía que estaba embarazada, y le comenta la situación, pero le dice que estaba enamorada de él, que fue un error, y qué sé yo que más le habrá dicho, en fin, le metió el verso porque, como te dije, el tipo este era un buen partido y Marcela es de las que van tras el billete.

- ¿Y el tipo le creyó?

- Sí, le creyó, o anda a saber, capaz que estaba caliente con Marcela y no le importó un carajo. La cuestión es que se fueron a vivir juntos y él aceptó hacerse cargo del pibe como si fuera de él. Pero claro, se ve que se le pasó la calentura y en la primera de cambio se las piró sin ningún problema.

- Pero ¿vos qué hiciste cuando te dijo que eras el padre? ¿Qué le dijiste?

Porque ¿vos estás seguro que ese pibe es hijo tuyo?  

- En ese momento, seguro no estaba, pero podía ser, porque yo esa noche no me había cuidado y estaba un poco borracho. La cuestión es que Marcela quería que me hiciera cargo monetariamente del pibe, pero que no le dijera la verdad a nadie.

- ¡Claro! Porque ella ya le había dicho a todo el mundo que el chico era de este tipo.

- Exacto –dijo Alexis, se tomó maquinalmente otro trago del vaso de whisky que ya había terminado, y se quedó con un hielo en la boca. Mientras lo mordía, siguió hablando –. Todos creían que el padre era este tipo, el empresario, incluso el pibe. Pero obviamente, le dije que estaba loca si pensaba que yo iba a entrar en esa mentira. Le dije que al otro día volveríamos a hablar. Porque la verdad es que yo en ese momento, lo único que quería hacer era irme de ahí, necesitaba tomar un poco de aire, y pensar qué mierda iba a hacer. Imaginate cómo me trabajaba la cabeza.

-Sí, me imagino. ¿Qué hiciste? ¿Se lo contaste a Ariana?

-Sí, por supuesto. Ni bien llegué a casa se lo conté. Necesitaba hacerlo. Obviamente me salté la parte previa del encuentro con Marcela. Le dije que era una mina con la que yo había salido antes de conocerla a ella, que después no la había visto más, y que ahora me había llamado para contarme lo del pibe.

- ¿Y ella qué dijo?

- Bueno, al principio medio que quedó desorientada, como que no caía. Pero después me dijo que si yo era el padre me tenía que hacer cargo. Igual más tarde se dio cuenta, porque no es tonta Ariana, y me empezó a indagar más profundo. No entendía para qué había ido a la casa de Marcela si yo no sabía lo del chico, me preguntó con qué intenciones fui, porque encima yo le había mentido, le había puesto cualquier excusa. Así que no tuve otra opción más que desembuchar todo lo que pasó en la casa. Y bueno, ahí se puso como loca y me echó a la mierda.

- ¡No te lo puedo creer! ¡Qué garrón! –el gallego, en ese momento, experimentó una tranquilidad interna por no encontrarse en la situación de Alexis, y sintió cómo se ruborizaba, avergonzado por ese pensamiento mezquino.

- Pero eso no es nada –dijo Alexis mordiéndose el labio inferior y meneando la cabeza –. Al otro día pedí franco en el laburo, porque la verdad que no estaba con mucho ánimo como para trabajar. Así que me fui a la casa de Marcela. Le dije que primero me iba a hacer los análisis para comprobar si yo efectivamente era el padre, y si era así íbamos a aclarar y blanquear el asunto con el pibe y con todos.

- Está bien, lógico.

- Pero ¿vos podés creer que la mina se largó a llorar desconsoladamente? Así que para calmarla la empecé a consolar, aunque te digo que mi estado era igual o peor que el de ella, pero bueno, le dije que no se hiciera tanto drama, que yo la iba a ayudar, que si lo hablaba de frente con la familia y el pibe, la iban a entender, que no se preocupara y no sé cuántas cosas más. Y en un momento, cuando yo le estaba diciendo todo esto, me dice que la perdone. Que la noche anterior no sabía lo que hacía, que estaba muy desesperada, y que no era su intención hacerme pasar por ese momento. Que la perdone, pero me había mentido. En realidad el pibe no era mi hijo. Era de otro tipo con el que se había acostado en un viaje, un par de semanas antes de estar conmigo.     

-¡No! –el gallego se golpeó con la palma de la mano en la frente tan fuerte que casi se cae de la silla –. ¡No te lo puedo creer! ¡Me estás jodiendo!

- Ojalá gallego, ojalá fuese una joda.

-¡Pero no puede ser! ¡Es una estúpida esa mina! –el gallego le dio un golpe seco a la mesa, haciendo vibrar los pocillos y el vaso. Incluso la mujer sentada en una de las mesas vecinas dio un gritito de susto. Alexis se quedó en silencio, notoriamente amargado.

- ¡Es una idiota! –siguió el gallego ofuscado –. Me revientan las minas así, la tendrías que haber mandado a la mierda. Porque no hay derecho, viejo, no hay derecho a jugar así con los sentimientos. Pero a ver, a ver –el gallego se calmó, advirtiendo que en realidad este tipo de comentarios podría averiar aún más el estado de ánimo de Alexis. – ¿Cómo que era de otro tipo? ¿Y en un viaje, me decís?

- Sí. En un viaje que había hecho con algunas amigas a Cancún. Había salido con un tipo, un yanki, creo. Un par de semanas antes de la noche que estuvo conmigo.

- Bueno, pero y… –el gallego se rascaba la cabeza histéricamente, intentando descifrar este caso con su razonamiento de abogado –. ¿Cómo estaba segura que era de este yanki y no tuyo? ¿Qué pruebas tenía?

- Porque cuando estuvo conmigo, ya estaba con un atraso de varios días.

- Sí, igual te digo que es un poco raro. ¿Vos estás seguro que no te mintió? Porque por lo visto, no es de confiar esta mina. Capaz que cuando le dijiste que había que decir la verdad, te salió con otra cosa para que no hicieras nada y dejes todo como estaba.

- Sí, yo lo pensé, no te creas que no lo pensé. Incluso le dije que igualmente me iba a hacer los análisis. Pero ella me dijo que no tenía problemas, si me quería sacar la duda que hiciera los análisis, entendía perfectamente que desconfiara. Además, me mostró la foto del pibe y nada que ver conmigo. Así que debe ser del yanki este. Bah, del yanki o de algún otro, andá a saber.

- Así que, mirá vos, encima te hizo pelear con Ariana al pedo nomás.

- Claro, eso es lo que más bronca me da. Me quiero matar. Porque si yo me aguantaba un poco nomás, esa noche no le contaba nada a Ariana y listo, al otro día cuando descubría que no era mi hijo, me salvaba.

- Claro, te entiendo, uno en esa situación no puede pensar con la cabeza fría, porque al menos hubieses esperado un poco para contarle a Ariana, hasta estar seguro que era cierto lo que te decía esta mina. Se ve que no sos abogado –dijo el gallego, sonriendo. Alexis también sonrió distendiendo un poco la situación.

- Mirá, ahora que puedo pensar todo más fríamente, me doy cuenta que Marcela se tiró el lance. Al encontrarse sola, sin laburo, además que no debe saber hacer un carajo, porque es así como te dije, es de esas mujeres que ya tienen todo programado desde chicas para encontrar un tipo que las mantenga. No es de esas minas que tienen algún objetivo en la vida, es de las que tienen el cerebro programado para el casamiento, los hijos y punto. Y cuando el macho la dejó, el empresario digo, y al saber que al padre del pibe no lo iba a encontrar en la puta vida, porque si es el yanky ese del viaje, cómo mierda hace para encontrarlo…

-Ahí se acordó de vos.

-Exacto, no sólo que se acordó de mí, si no que debe haber pensado que tal vez yo, sabiendo que estoy casado, porque seguramente lo sabía, iba a aceptar pasarle algún dinero y dejar las cosas como estaban, porque a mí también me convenía. Seguramente planeó eso.

 Por un rato quedaron en silencio. Recién cuando el culo infernal de la mujer que había pasado por al lado de su mesa quedó fuera del campo visual de los dos y salió del bar, volvieron a hablar.

- Si, puede ser – retomó el gallego–, por todo lo que me contaste de esta mina, capaz que fue eso lo que pensó.

- Che, ¿me aguantás un ratito? Tengo que ir al baño –dijo Alexis.

- Sí, dale, andá.

El gallego observó que en su recorrido al baño Alexis le dijo algo al mozo y apuró el tranco. Miró su reloj y se sorprendió por la hora. Pensó en el día bravo que le esperaba, y sintió deseos de irse. Pero sobre todo recordó que Alexis lo había llamado para pedirle un favor, hizo un breve repaso por la conversación intentando dilucidar por donde vendría el pedido, pero sus cavilaciones no dieron resultado. No logró ni siquiera intuir de qué podía tratarse. Alexis volvió con otro vaso de whisky en la mano.

-Che, ¿seguro que no querés un whiskisito?

-No, está bien, gracias, soy igual que vos, si me tomo uno después no paro – el gallego volvió a mirar su reloj – además se esta haciendo un poco tarde.

-Sí, disculpame, me dijiste que mañana tenías un día bravo.

-Sí, no hay drama. Pero vos necesitabas que te haga un favor y para serte sincero no sé por donde va el asunto. Si es algo profesional si querés podés pasar mañana por el estudio y lo hablamos, total si no es nada demasiado complejo te lo hago de onda nomás.

-No, en realidad es algo más bien personal. Por eso quería hablarlo acá, y tenía que contarte bien todo, para que no pienses cualquier cosa.

Alexis se masajeó un poco la barba y se tomó unos segundos antes de empezar a hablar, como si no supiera por donde comenzar. El gallego aguardaba intrigado.

- En realidad el favor tiene que ver con Ariana – dijo Alexis y se mandó de un saque el whisky. El gallego lo miró sorprendido.

- Porque yo intente hablarle después de lo que paso, pero no quería saber nada, estaba enojada, obviamente. Pero hace un par de días me llamó para hablar y me hizo una proposición. Porque ella no quería que nos separemos, me dijo que a pesar de todo me seguía queriendo, y que estaba dispuesta a perdonarme pero con una condición. Porque Ariana tiene una forma de ser muy especial. Es de esas mujeres que tienen una vida propia, que no pasa nada más que por encontrar un macho que las mantenga. Es de esas minas independientes, ella cree mucho en la igualdad del hombre y la mujer, incluso participa de una agrupación junto a otras mujeres donde tratan la igualdad de los sexos y todas esas cosas. Así que me dijo que estaba dispuesta a perdonarme con la condición de que yo acepte que ella tenga una aventura con un hombre como yo la tuve con Marcela.

- ¿Cómo? – Dijo el gallego asombrado – ¿Y vos qué hiciste?     

- Nada, qué voy a hacer. Al principio me enojé, pero después no tuve otra opción más que aceptar, no me quedaba otra.

El gallego abrió los ojos incrédulo.

- Pero igualmente le dije que no iba a dejar que salga con cualquiera, o que vaya a algún bar y se levante a un macho. Le dije que aceptaba únicamente si dejaba que yo le eligiese el tipo, porque yo vería la forma de que fuese alguien confiable. En realidad yo le dije esto porque, para serte sincero, prefiero que sea alguien que conozca y que sepa que es un favor, y no cualquiera que después a lo mejor se termine enganchando y trayéndome problemas. Y entonces ahí fue donde me acordé de vos y le pedí tu teléfono al gordo Paulovich.  

El gallego se quedó paralizado, perplejo al escuchar estas últimas palabras. Miró a Alexis sin atinar a decir nada, totalmente incrédulo de lo que sus oídos habían escuchado. Se produjo un silencio tenso.

- Porque yo pensé – retomó Alexis – que tal vez pedirle el favor a algún amigo íntimo sería demasiado, porque la mayoría están casados o de novios, y con los que están solos por ahí compartimos algún almuerzo o una fiesta junto con Ariana y me parece que sería una situación muy incomoda ¿entendes? Pero en cambio con vos no tenemos una relación de amistad, nos vemos acá en el bar o en algún lugar casual, pero no tenemos una relación muy cercana. No es que no te aprecie. ¿Vos me entendes lo que te digo no?

El gallego intentó pronunciar alguna palabra pero no le salían. Seguía inmerso en un gran escepticismo por lo que escuchaba.

- En fin, lo que quería pedirte es si no podes… digamos… –  Alexis buscaba las palabras precisas para ese momento – hacerme la gauchada de estar una noche con Ariana. Además te digo que yo pensé en vos porque, y mirá las cosas que uno se acuerda en un momento así, uno de mis amigos me dijo vos una noche acá dijiste que Ariana era una mujer muy linda y que te alegrabas por mi.

El gallego se puso rojo como un tomate.

- No, todo bien – dijo Alexis al observar la expresión de horror en el rostro del gallego – no te lo dije porque me haya molestado ese comentario, nada que ver. Mira, yo sé que es raro. Que no te esperabas que te pida una cosa así.

- La verdad que no – dijo el gallego rompiendo su silencio aunque con una voz tan finita que apenas se escuchó su comentario.

- Pero no tengo otra opción, obviamente yo preferiría no tener que hacer esto, pero por Ariana hago cualquier cosa con tal de no perderla. Por eso viendo que no hay otra manera de reconciliarme más que ella se desquite, porque te digo que las que le deben haber llenado la cabeza son las minas estas de la agrupación, seguro que le llenaron el bocho, no creo que haya sido ella la que tuvo esta idea, pero bueno, yo prefiero que sea alguien confiable, porque si bien no somos amigos se que vos vas a entender que se trata de un favor nomás, y no voy a tener que andar cuidando que después intentes algún otro encuentro. ¿No es así? Porque yo por Ariana hago cualquier cosa. No hay nadie más importante que ella en mi vida. Soy capaz de hacer cualquier cosa por ella ¿entendes? – Las últimas palabras de Alexis sonaron casi a amenaza.

- Sí sí, por supuesto – dijo el gallego sin saber bien lo que afirmaba.

- Bueno entonces no se hable más, nos ponemos de acuerdo en…

-Pará pará – lo interrumpió el gallego recuperando su personalidad – yo te entiendo, pero no sé, me parece una locura lo que me estas diciendo, la verdad que todavía no alcanzo a enten…

- Ya sé, no haces falta que digas nada. Yo sé que es un favor medio extraño el que te pido. Pero bueno, vos en todo caso no tenes nada que perder, porque no estas atado a nada, que yo sepa no tenes ninguna relación seria, ¿O si?

- No, es cierto, no estoy con nadie, pero…

- Y bueno, mejor. Además vos me dijiste que andas con mucho laburo y prácticamente no podes ni salir a buscar a alguna mina, así que te estoy ofreciendo una noche con una mujer muy linda, qué más querés.

- Igual te quiero aclarar que eso que yo dije de Ariana fue un comentario así… al pasar nomás, no es que yo…

- No haces falta que me aclares nada. Está todo bien. Mirá, si te parece quedamos para el viernes. Yo te paso a buscar y nos vamos para mi casa. Eso si, cuando se hace de día vos te volves para tu casa y listo. Al otro día como si nada, esto queda entre nosotros.

- No sé, no es que no quiera hacerte el favor, pero me…

- Qué pasa ¿No te gusta mi mujer?

Alexis cerró los ojos ni bien terminó de decir esto ultimo, advirtiendo que no había sido muy atinado. No quería poner incómodo al gallego y eso fue precisamente lo que le dijo.

- No quiero ponerte incómodo, disculpame. Pero te lo estoy pidiendo porque no tengo otra salida. ¿Cuento con vos o no?

El gallego quedó unos segundos en silencio, decidió decirle que no, pero cuando habló dijo todo lo contrario.

- Está bien, contá conmigo – y se sorprendió al escucharse.

- Listo. Quedamos así. Si te parece te paso a buscar el viernes a eso de las once de la noche, ¿Puede ser?

El gallego asintió sólo una vez y sin emitir sonido. Alexis llamó al mozo y después de pagar se fueron cada uno por su lado.

El viernes a la noche Alexis llevó al gallego a su casa. Se bajó con él, tan sólo para asegurarse de que el gallego no se arrepintiera antes de entrar, porque lo había notado medio dubitativo en el auto. Cuando Ariana abrió la puerta, Alexis los presentó y sin decir nada más pegó media vuelta y se fue para el auto.
Alexis se quedó dentro del coche y mirando de vez en cuando para la casa.
Cuando habían pasado unos minutos hizo una llamada. Después de todo, una última escapada a lo de Marcela lo haría sentir mucho mejor. O al menos, él se juró en ese momento que sería la última.     

 


1 comentario:

lucas sala dijo...

Buenisimooooooo