Matias

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Personajes



                              RUBEN HEREDIA: UN ESCRITOR

Un crítico de literatura dijo una vez que los primeros libros de Rubén Heredia hacían pensar al lector. El problema es que lo hacían pensar en otra cosa. Es que en sus comienzos, el escritor, tal vez en la búsqueda de un estilo, tarea muy dificultosa, recargaba mucho sus narraciones, teniendo en cuenta que además eran historias sin mucha imaginación y donde prácticamente no pasaba nada interesante.
Por ejemplo cuando quería expresar que el día estaba nublado, se explayaba con narraciones densas y sin sentido, agregando datos insustanciales. Transcribo:
 “Las nubes ese día se habían agrupado caprichosamente para ocultar el sol. Ese que desde épocas remotas adoraron nuestros ante pasados y que en ocasiones llego a inspirar las más conmovedoras obras arquitectónicas, como por ejemplo la maravillosa pirámide del sol que se encuentra en Teotihuacan (México). Sí, definitivamente el día estaba feo.”
Justamente este fragmento es de uno de los cuentos que conformaron su primer libro titulado “Cuentos de una época brillante” rebautizado años más tarde por los críticos como “Cuentos de una poca brillantez”
Pero más allá de estos primeros intentos fallidos, con el tiempo Rubén Heredia fue mejorando notoriamente sus dotes de escritor, hasta convertirse en un hacedor de libros inolvidables. Capaz de abordar temáticas y géneros literarios disímiles con gran efectividad.
En su extensa carrera Rubén Heredia escribió: veinte novelas, cincuenta libros de cuentos, diez obras de teatro, catorce ensayos de índole filosófica, diez libros con recetas de comidas (este aporte le dio un gran valor popular, y  lo llevó a ser contratado por los más refinados restaurantes para que escribiese sus menues), cinco libros para niños, diez libros de poemas y poesías, tres libros de autoayuda y psicología, y se sospecha que ha escrito varios discursos para diferentes partidos políticos.
 En su libro “Mis grandes amores” publicado años antes de su muerte, cuenta algunas de sus intimidades amorosas a lo largo de su vida. Entre las historias mas destacadas se encuentran; “Conchita en el mar”, “Sexo de prima-vera” y “Ana y su amplia cola de supermercado”.
Pero la historia que sin dudas causo mayor asombro entre sus lectores fue
“Kevin, aquella noche fui tuyo” donde narra su romance con un adolescente francés en uno de sus tantos viajes en barco a Marsella. Esta historia hizo que varios de sus detractores ironizaran sobre que por fin se lograba dilucidar su inexplicable apodo de “Culo inquieto”.
 A pocas semanas de la salida de este libro, Rubén Heredia concedió la que fue la única entrevista que dio en su vida, y fue para la revista cultural “Arte sano”.
Todos esperamos ansiosos la publicación de dicha entrevista debido a dos motivos: podríamos conocer más fielmente los pensamientos de Rubén y sus puntos de vistas sobre algunas cuestiones, además de enterarnos detalles de sus libros publicados, y porque no, sobre lo que estaba escribiendo en ese momento. Pero por sobre todas las cosas, que quien le realizaría la entrevista seria ni más ni menos que Julieta Basualdo, antigua novia de Rubén, a la que el escritor supuestamente no sólo le había sido infiel con la vedette Edith Canseco, íntima amiga de Julieta, si no que además la había abandonado cuando estaba embarazada de tres meses, y hasta ese momento no había reconocido a su hijo como tal.
Si bien la entrevista fue realizada con total profesionalidad, sobre el final de la conversación Julieta Basualdo interroga a Rubén Heredia con preguntas que hacían clara alusión a su relación amorosa con el escritor, evidentemente todavía resentida con él. A continuación les ofrezco esta interesante entrevista realizada en las instalaciones de la revista “Arte sano”

JULIETA: ¿Cómo fue que a usted se le despertó el deseo de escribir, de ser escritor?

RUBEN: Es muy interesante lo que usted me pregunta, porque pocos saben que en realidad mi inclinación por la escritura tiene que ver con un defecto en el habla que padecí en mi niñez. Lo cierto es que por alguna extraña razón durante mis primeros años mi dicción era un tanto defectuosa y prácticamente no se me entendía lo que decía. Entonces una mañana mi madre, cansada de no entender lo que yo le expresaba, decidió alcanzarme un bloc de hojas y una lapicera para que yo escribiese mis requerimientos. Con el tiempo mi defecto al hablar se disipó y pude expresarme correctamente, pero se podría decir que con ese incidente mi destino de escritor ya estaba escrito.

JULIETA: ¿Pero usted en esos años, además de escribir por la necesidad de ser entendido, ya estaba interesado en la literatura?

RUBEN: Si, por supuesto. Mire, yo ya desde muy pequeño me incliné por la literatura, porque obviamente mi defecto al hablar me hicieron un niño poco social y muy ermitaño. Fue bastante difícil mi infancia, porque como se imaginara tuve que sufrir todo tipo de burlas por parte de mis compañeros y también de alguno de mis profesores. Eso hizo que me convirtiese en un lector precoz, prácticamente a mis diez años yo ya había leído toda la literatura de escritores como, Edgar Alan Poe, Chejov o Julio Verne. A mis tempranos diez años superara ampliamente el intelecto de cualquiera de mis compañeros que ni siquiera conocían quienes eran estos escritores, e incluso varios de mis profesores, que tampoco los conocían. Todavía recuerdo con gran cariño que cuando llegaba a casa y mi madre me preguntaba qué había hecho durante el día, yo le escribía fragmento de algunos cuentos que había estado leyendo, y mi madre, inocente, abría los ojos bien grandes, sorprendida por mis vivencias y me decía ¡todo eso hiciste mi vida! ¡Que bárbaro! Y me daba un beso tierno y seguía con sus quehaceres domésticos. La verdad que mi madre nunca fue muy culta. En cambio mi padre sí, el era un ávido lector y me acercaba los libros de los escritores que más le gustaban.

JULIETA: ¿Qué piensa sobre ese dicho que dice que no es posible obtener el éxito y la calidad? Teniendo en cuenta que para muchos críticos usted lo ha logrado.

RUBEN: Mire, en principio le digo que antes los determinados “dichos” la primera pregunta que me surge es, ¿dichos por quien? La verdad es que nunca he creído en esas afirmaciones o tradiciones, en las que uno desconoce el origen pero que se dan por válidas, ya que en innumerables casos son erróneas. Es cierto que muchas veces vemos libros que tienen muy poco que ofrecer pero que se venden por doquier, o a la inversa, libros de una notable calidad literaria que se hunden en las más amargas aguas del olvido en las estanterías de las librerías. Pero existen muchos ejemplos que nos confirman que es totalmente posible la calidad y el éxito, sobre todo si tomamos al éxito en el sentido más amplio de la palabra y no en su explicación estrictamente académica, es decir, como algo perdurable y no como algo efímero o meramente comercial. Tengo la impresión de que alguno de mis libros son exitosos porque serán leídos en la posteridad, así como otros irán a parar a la basura.

JULIETA: Hablando de basura… ¿Cree usted ser un buen hombre?

RUBÉN: Soy un buen tipo para mis amigos y un buen contrincante para mis enemigos.

JULIETA: En alguno de sus libros usted dice no creer en la vida después de la muerte. ¿Qué piensa sobre estas creencias?

RUBEN: Para serle sincero le digo que me encantaría creer que detrás de nuestra muerte se esconde una nueva vida, o la reencarnación en otro ser viviente. Pero la verdad es que sólo creo que dejamos de existir.
Igualmente no veo nada mal que las personas crean que al morirse se dirigirán al cielo y allí seguirán viviendo una vida celestial, o que por ejemplo su alma se reencarnará en un perro o en cualquier otra cosa.
Creo que el motivo de estas creencias se debe a que necesitamos creer o sentir que la vida tiene algún sentido.
Pero lo que en verdad me llama la atención, es ciertas actitudes en algunas personas sobre este tema.
Yo varias veces escuché que una persona le decía a la otra, que no podía entender como creía en la vida después de la muerte, que no le entraba en la cabeza cómo alguien podía suponer que nuestro cuerpo dejaba de existir pero que nuestra alma se reencarnaba en otro ser viviente, y se lo decía de una manera despectiva, y dejando entrever que se hiciese algún chequeo de cordura. Pero con total seguridad, esta misma persona segundos más tardes, decía que creía en Dios, en la existencia de vidas extraterrestres e incluso en la posibilidad de otras galaxias.
Es increíble cómo en ocasiones hay personas que refutan fervientemente creencias intangibles, pero que dan por hecho otras igual o más inverosímiles que las refutadas.
Pero la verdad es que hay otras creencias que son muy peligrosas, porque pueden tener y ya han tenido, consecuencias drásticas para nuestros destinos, como por ejemplo creer que para que haya más seguridad o menos delincuentes, hacen falta más policías. Definitivamente creencias como estas me preocupan mucho más a que si uno cree que al morirse se convierte en un león o en una víbora de cascabel.

JULIETA: ¿Que actitud tiene frente a la muerte? ¿Siente temor a morir?

RUBEN: La única actitud que se puede tener frente a la muerte es resignación. Y en cuanto al temor, creo que en uno de mis cuentos lo he expresado con bastante certeza. Si mal no recuerdo, en ese cuento un hombre va a hacerse un chequeo de rutina y al enterarse de que sólo le quedan semanas de vida, despacha su ira contra todos los que encuentra en su camino, y su furia sólo logra disiparse cuando el guardia de seguridad del hospital lo embiste dejándolo desplomado por el piso.
Este ataque de furia se debe a una sencilla razón, el pánico a la muerte, pero a la muerte inminente, es en ese preciso momento en el que uno realmente tiene la verdadera dimensión de la muerte, y es ahí donde creo que uno efectivamente teme a morirse, digamos, ante la cercanía del final.
Creo que las personas que no se encuentran en la situación de este personaje del cuento, su temor a la muerte esconde otra patología, tal vez más ligadas al temor a la vida, o al paso del tiempo y sus deseos insatisfechos.    

JULIETA: Hay algunos sectores que lo tildan de pesimista debido a la temática de ciertos libros. ¿Qué piensa de estas críticas? ¿Es usted pesimista u optimista?

RUBEN: La verdad es que sin llegar a ningún extremo, yo prefiero a las personas pesimistas, y le diré por qué. La persona pesimista lo es, porque ha llegado a esa conclusión mediante el pensamiento sobre, por ejemplo, el irremediable aumento de la pobreza en el mundo. ¿Cuál es una posición racional sobre este tema? A mi entender, pesimista. En este caso el optimista se basa en la espera de un cambio, sin importarle si las condiciones para ese cambio ya fueron encaminadas, porque una cosa es la esperanza y otra es el optimismo. Uno puede tener la esperanza de que tal vez en algún momento comiencen a desarrollarse ciertos factores o mecanismos probablemente eficaces para terminar con la pobreza, pero mientras el mundo siga siendo como es, no es posible tener otro sentimiento más que el pesimismo. Porque si hay alguien que es optimista sobre este tema, y muchos otros en esta época, lo es sólo por comodidad y no por razonamiento.
En realidad hay que separar las temáticas en las que se consideran a una persona como pesimista u optimista. En el plano afectivo o laboral, personalmente siempre he sido optimista, ya que es primordial para poder sobrellevar la existencia. Pero en otras circunstancias, y siguiendo con la pobreza, y repito, por poner sólo un ejemplo, la opción más favorable y menos mezquina para poder aportar aunque más no sea un ápice de ayuda en la solución de este eterno problema, es el pesimismo como método siempre alerta y atento. Más allá de que uno se sienta bastante inservible para poder resolverlo.

JULIETA: ¿Es usted feliz?

RUBEN: Es increíble lo que nos pasa a nosotros con la felicidad. Todos buscamos la felicidad eterna, es más, es tal vez el deseo que más se pide en cualquier ocasión que se presenta, y permítame recordarle lo que le pasa a uno de mis personajes en otro de mis cuentos.
Después de tanto tiempo de buscarla, encuentra por fin la pócima de la felicidad y se la toma sin dudarlo. Pero al tiempo se aburre, es tanta la felicidad que lo embarga que termina por hacérsele rutina y no añora más que la desdicha. Hasta que en el final, un noble anciano le entrega otra pócima, que contiene toda la desilusión, y los fracasos de su vida, y para su sorpresa retoma esa felicidad perdida.
En ese cuento trate de expresar que lo interesante, lo que en realidad nos conmueve es ese instante de felicidad fugaz, la alegría efímera, la que nos toma de imprevisto. Nadie puede ser continuamente feliz, la felicidad necesita inexorablemente de la tristeza. La felicidad plena no existe.

JULIETA: ¿Qué es para usted la libertad?

RUBEN: La verdad… se me ocurren distintas variables para expresarle mi pensamiento sobre la libertad, pero creo que lo que mejor lo sintetiza es que no siento deseos de responderle esa pregunta.

JULIETA: ¿Es decir que para usted la libertad es hacer lo que uno desea?

RUBEN: Mire, si le respondo esta nueva pregunta estaría desacreditando la respuesta antes efectuada con la que creo haber sido lo suficientemente claro y conciso.

JULIETA: Bueno pero creo que usted debe aceptar que en ocasiones lo que para algunos es claro para otros puede no serlo tanto ¿Podría explayarse mas?

RUBEN: Lamento no estar de acuerdo con usted, creo que si uno al decir algo fue lo más claro que puede ser, es decir que ha sido lo más preciso posible, no podría explayarse más, o mejor dicho, no podría explayarse mejor. Lo que ocurre en esos casos es que tal vez el interlocutor no puso la atención necesaria que requería esa circunstancia.

JULIETA: Esta bien. Tiene razón. Cambiando de tema ¿Qué piensa usted sobre la infidelidad?

RUBEN: Déjeme decirle que no fue una pregunta muy atinada de su parte, porque tal como fue efectuada se desprenden muchas variables posibles para…

JULIETA: Para ser mas precisa, me refiero a ¿Qué piensa usted del hombre que engaña a su mujer con su mejor amiga vedette?

RUBEN: Fíjese en la mala utilización que solemos darle a la palabra amistad. Fíjese cuantos casos se han dado en la humanidad, cuantos ejemplos nos han demostrado que solemos confundir la palabra amigo o amiga con una simple cercanía o afecto. Para esta ocasión, aunque como dije, no soy de creer en los dichos generalizados, se puede utilizar una frase que comprende cierta verdad “Detrás de quien creemos nuestro amigo, puede esconderse nuestro peor enemigo”. Pero esto es posible porque uno no ha estado atento a los detalles que conforman una verdadera amistad. En conclusión, si alguien sufre estas traiciones con alguna persona, es porque no es una amiga verdadera, no es alguien de fiar.

JULIETA: ¿Pero cuál es su opinión acerca del hombre que engaña a la mujer?

RUBEN: En primer lugar, no creo que debamos llevar esa pregunta hacia un terreno sectario. Creo que tanto el hombre como la mujer suelen caer en la tentación de la misma manera. Y creo que la palabra tentación descarta cualquier análisis, ya que se trata justamente de un impulso, es decir, algo no pensado, y de algo que no se pueda pensar difícilmente se pueda llegar a una conclusión que realmente valga la pena.

JULIETA: ¿Esta usted trabajando sobre algún otro libro?

RUBEN: En realidad siempre estoy trabajando sobre algún nuevo libro. Creo que a diferencia de otras actividades, la del escritor es estar todos los días y en todas las circunstancia pensando en algo para escribir. Incluso en este momento mientras estamos conversando se me están ocurriendo distintas variables para algún cuento. Es como dice un colega amigo, el cuento se lleva a todos lados, por más que uno después de muchas horas de escribir, decida salir a tomar aire y distenderse un poco, se lleva las palabras, las ideas a cuestas a todas partes, porque la inspiración muchas veces nos sorprende en los momentos menos esperados. No se si recordará lo que le pasaba a un escritor en una de mis novelas. Ese escritor encontraba el pico máximo de su inspiración cuando estaba haciendo el amor, en el preciso momento del acto sexual se le ocurrían las mejores ideas, y debía suspender el acto amoroso para poder anotar lo que se le ocurría porque si no se olvidaba. Esto obviamente le trajo muchos problemas con las mujeres, que lo abandonaban, cansadas de este accionar molesto. Entonces no tuvo otra salida más que recurrir a mujeres pagas para poder tener relaciones sexuales y así obtener la inspiración necesaria para seguir escribiendo. Pero finalmente era más el dinero que gastaba en las mujeres, que el que recibía por los libros que publicaba.
Pero para responderle estrictamente a su pregunta, le confieso a modo de primicia, que en un par de semanas saldrá a la venta un libro de cuentos, que si bien en su mayoría son recientemente escritos, contiene algunos viejos cuentos que yo he ido abandonando por razones de…

JULIETA: Hablando de abandonar ¿Qué piensa de los hombres que abandonan a sus mujeres cuando están embarazadas?  

RUBEN: Siempre tuve problemas para asimilar la palabra abandonar en lo que respecta a las relaciones amorosas, porque significa dejar a una persona, y en realidad nunca entendí lo que esa expresión significa porque ¿Dónde las deja? ¿En qué lugar? Es algo verdaderamente absurdo.
Lo que uno hace, es prescindir de los sentimientos y las vivencias que compartía con una persona. Y además creo que una relación entre dos personas no puede estar atada a ninguna circunstancia, por más importante que sea.
En mi opinión el amor es como un libro. Tiene un comienzo, un desarrollo y un final. El trayecto hacia el final puede ser corto como un cuento, más breve y deliciosa como una frase, o puede ser más duradero como una novela o una enciclopedia.

JULIETA: ¿Cómo ve usted esta realidad que nos toca vivir?

RUBEN: Para poder responder a su pregunta es menester hacer otra ¿la realidad de quien? Porque la realidad es de carácter ambigua.
Seguramente a usted le toca vivir realidades distintas a las mías y así sucesivamente ocurre con el resto de los mortales.

JULIETA: Tiene usted mucha razón. Por ejemplo a mi hijo le toca vivir la realidad de que su padre no lo quiere aceptar. A propósito ¿Usted que opina sobre todos los hombres que no se hacen cargo de sus hijos?

RUBEN: No sé, creo que su pregunta, sobre todo en la palabra “todos” toma un tinte demasiado generalizador como para poder abordarla correctamente

JULIETA: Muy bien, entonces la haré más personal ¿Por qué mierda no querés aceptar que es tu hijo?

RUBEN: No creo que la palabra mierda sea la adecuada para introducir en una pregunta, y no es que reniegue de las malas palabras, pero creo que debe mantenerse cierta cordialidad en una entrevista, además que la palabra mierda, déjeme decirle, pronunciada por una mujer es aun más antiestética. Creo que los términos para entablar una conversación agradable requieren de un cierto grado de refinamiento.

JULIETA: ¿Pero te harás cargo de tu hijo?

RUBEN: El tiempo lo dirá, y  si me disculpa ya es demasiado tarde, y por si no lo sabe, el tiempo es lo más caro y sagrado que tenemos.

Luego de la entrevista se supo que Rubén Heredia finalmente accedió a conocer a su hijo y además con el tiempo lo ayudó con su carrera de actor, consiguiéndole algunas participaciones en importantes obras, e incluso escribiéndole algunos textos en formato de monólogos.
Una mañana nos despertamos con la terrible noticia de que Rubén Heredia se había suicidado de un disparo en la sien. Todos quedamos convulsionados por este episodio inexplicable ¿Por qué se había suicidado, cuál o cuáles eran los motivos que lo habían llevado a tan triste final?
Después de unos días se supo que Rubén había dejado una nota pidiendo que publicasen su última novela tal cual estaba escrita.
De más esta decir que la primera edición se agotó a pocos días de su salida. Todos los seguidores del escritor concurrieron a las librerías para conseguir la tan ansiada novela que depararía una gran sorpresa.
Lo cierto es que la novela era de suspenso, un género de los pocos que Rubén Heredia casi no había abordado, y el eje central de la trama era el de un hombre que escondía un secreto aterrador, un secreto que sobre el final del libro este personaje iba a revelar. Pero la sorpresa que depararía Rubén Heredia es que este final, es decir el último capitulo, no había sido escrito, dejando al lector con la incertidumbre de la trama inconclusa, y comprendiendo por fin el verdadero motivo del suicidio de Rubén Heredia y, por si alguien dudaba que éste era su cometido – es decir dejar a los lectores con las ganas y el misterio sin resolver –, ahí está el título de la novela para corroborarlo. Su ultimo gran aporte literario, la novela sin fin, titulada: “El secreto mejor guardado


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